Una noche cálida de septiembre estaba caminando por mi camino cuando de pronto, a lo lejos, divisé una gran muralla alta y erguida que me llamó poderosamente la atención. Podía haber pasado de largo, pero mi curiosidad me pudo y decidí acercarme un poco más para saber qué era aquello que se cruzaba delante de mí.
Era la muralla más alta que jamás había visto, las más hermosa de todas y, sin saber muy bien el porqué, decidí parar y contemplarla. Nunca había visto nada igual, así que decidí llamar a su puerta pero nadie contestó. Creí que esa muralla debía ser especial, porque sino no estaría allí, delante de mi, así que esperé y esperé hasta que un día, esa muralla se abrió.
Y allí estabas. Tú.
Resultó que también tenías curiosidad para saber quién era aquel que había llamado y había esperado en la puerta pacientemente. Te sorprendió verme tranquilo y relajado. Y me invitaste a entrar.
Y entré.
Y me gustó.
Y me quedé.
Y pasó el tiempo.
Aprendí muchas cosas. A levantarme si caía. A pelear. A mostrarme tal como soy. A respetarte. A dejarte espacio. A sorprenderme…y a sorprenderte. A seguir derribando muros y ver que ahí detrás había algo por lo que luchar. A tener paciencia. A soñar. A disfrutar de lo pequeño. A escuchar. A levantarme pensando en ti. A dormirme pensando en ti. A caminar junto a alguien, sin prisas, sin miedos, sin pasado, sólo presente y quizás futuro. A mirar el cielo. A no ocultar. A dejarme llevar y a contenerme a la vez. A tocar. A mirar. A recibir. A reír. A creer. A querer.
Pero un día desperté, y sin saber muy bien cómo ni porqué aparecí de nuevo en la puerta de la muralla.
Sorprendido llamé, pero ya jamás nadie contestó. Volví a llamar. y sólo escuché silencio.
Intenté saltar, pero estaba demasiado alto y no pude entrar.
Llamé y llamé...
Pensé en derribar la puerta, pero sabía que detrás de ella habría otra mas grande y otra y otra.Así que decidí esperar, pacientemente, como al principio, a que se abriera de nuevo. Pero seguía sin abrirse.
Y pasó el tiempo. Hasta que un día creí olvidarte y decidí seguir mi camino, esperando encontrarme algún día con otra muralla, con la tuya tal vez, o con otra. Y poder seguir aprendiendo de ti o sin ti.
...pero ya jamás nadie contestó.
Tu última lección fue la más importante. Siempre sabré que hay alguien que me querrá, tanto como yo te he querido a ti. Ahora ya sé que no serás tú, pero seguirás estando aquí, en mi puerta. Y cuando llames yo si te abriré.
Porque yo si creo en ti.
2.4.07
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